Hace ya mucho tiempo cayó
en mis manos un pequeño libro que de vez en cuando releo. Su título:
“Sobre la clemencia”. Es una muy pequeña obra que Séneca
escribió para el “bueno” de Nerón cuando éste empezaba a
gobernar el vasto Imperio romano (como nota aclaratoria que no
aparece en el libro habría que decir que, según las malas lenguas,
Nerón fue el fruto de un desliz de Agripina, su madre, con el
filósofo. Pero esta es una historia en la que entraremos en otro
momento).
A lo largo de sus
páginas, y aunque luego hemos visto que no sirvió para nada, Séneca
trata de trasladar a su discípulo, que sí lo fue, cómo tendría
que actuar un gobernante en el ejercicio de sus funciones. Le decía
que la diferencia entre un buen rey y un tirano estaba en sus
acciones; le decía que lejos de ejercer el poder con brutalidad, un
buen rey, como lo haría el sabio, tendría que ganarse el respeto de
su pueblo aplicando el mismo con moderación.
“A un rey tranquilo y pacífico le son fieles sus guardias
porque los usa a favor del bien común. El soldado, orgulloso porque
ve que presta servicios a la seguridad del Estado, sufre con gusto
cualquier esfuerzo como guardián del padre. En cambio, es lógico
que sus satélites supongan una carga para quien es cruel y
sanguinario. Nadie puede tener ayudantes fieles y de buena voluntad
si los utiliza para torturar…lo peor que tiene la crueldad es esto:
que hay que proseguir y que no queda abierta la vuelta a situaciones
mejores, pues los crímenes hay que protegerlos con crímenes.”
Si Séneca levantase la
cabeza y tratase de inculcar algo de razón y sentido común a
nuestros gobernantes, quienes quieran que sean, mucho me temo que se
encontraría con el mismo problema que se encontró con Nerón. Los
gobernantes nunca escuchan a sus gobernados, se creen en posesión de
la verdad absoluta y se empeñan en salvarnos de los males que ellos
mismos generan como la pescadilla que se muerde la cola (“los
crímenes hay que protegerlos con crímenes”).
Llegará el día en que
alguien reinvente la democracia, o la recupere, y entonces nos
daremos cuenta de que durante este tiempo nos han estado engañando,
que las mentiras las han cubierto con mentiras y que estos
descendientes de Nerón han terminado imitándole y han quemado todo lo que habíamos construido.
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