El árbol
genealógico de Eros (Cupido para los romanos) parece que no
está muy claro, unos apuntan que brotó del Caos, otros a que es
hijo de Ares y Afrodita, otros que desciende de Afrodita y Hefesto,
otros implican también a Zeus que, como no puede ser de otra manera,
allí donde había una falda siempre estaba su barba.
En cierta
ocasión, Apolo, muy chulito él, se burló de Eros-Cupido diciéndole:
“¿Qué haces, niño
lascivo, con armas de valientes?, tal armamento cuadra a mis
hombros…” y otras cosas similares.
El niño, que efectivamente tenía pinta de niño pero que se gastaba
una mala leche de gigante, le contesta: “Sea
que tu arco, Febo (Apolo en Griego),
atraviese todas las cosas, pero el mío
a ti, y como todos los animales son inferiores a la divinidad, así
tu gloria es inferior a la mía”, y
agitando sus alas Eros-Cupido se alejó mascullando (traducción libre):
megüentusmuelas pecador, te vas a
enterar de lo que vale un peine, y se
puso a cavilar la venganza.