Una vez concluido uno de los procesos más lamentables y vergonzosos de la historia de nuestro país, sólo comparable, en lo lamentable y vergonzoso, a los sumarísimos de la dictadura que quería investigar, Garzón deberá seguir aguantando la caza de brujas a la que está siendo sometido. Parece que sus enemigos son muchos y poderosos y no van a soltar la presa tan fácilmente. Mientras, los auténticos ladrones, los que sin hacer ruido o haciendo ostentación, están en libertad o son absueltos. Qué vergüenza de país, que vergüenza de justicia, que vergüenza de políticos que consienten mirando para otro lado. Para la justicia, que no sólo es ciega sino que además lo está, que no es lo mismo, Garzón es un prevaricador. Como se estará riendo el genocida en su mausoleo con los honores de Jefe de Estado. Lamentable. En estos momentos me gustaría irme lejos, y si supiese de algún lugar donde ganarme la vida, me da lo mismo el continente o país, saldría corriendo con lo puesto.
Pero que nadie se preocupe porque el circo de la justicia continúa. Ahora el espectáculo tiene como figura estelar al Sr. Urdangarín. Nada que ver con Garzón, que clases ha habido siempre, igual que honrados y villanos, pero el circo es así, hay números en los que sale el trapecista, otros en los que sale el payaso y otros el domador, y cada uno tiene su público. El caso del marido de SAR se explica de forma muy sencilla: parece ser que el Sr. Urdangarín y otros montaron un chiringuito para ofrecer servicios que algunas administraciones compraron por un precio más elevado que el de mercado y no exentos de ciertas anomalías en su gestión. La cosa luego se anima y algunos dicen que confundieron la empresa con su casa, se olvidaron de pagar a Hacienda o se llevaron la pasta a otros sitios con cocos, palmeras y buena temperatura, pero lo importante es que siguiendo aquello de “por ser vos quien sois” todos le rendían pleitesía y aflojaban la pasta en cuanto se bajaba del coche sin esperar otra cosa que hablase bien de ellos a su familia, la de SAR se entiende. Y esta es la historia, la simple y eterna historia de la España de charanga y pandereta, que decía Machado, la de “qué hay de lo mío Don Iñaki” que preguntarían los que soltaban la pasta a cambio “de nada”, que es como se debe de llamar el intercambio de favores. Qué vergüenza, repito. Pero no creo que este sea el caso de Telefónica, empresa de la que don Iñaki cobra un sueldo o unas dietas o lo que sea, por no se sabe qué labor, porque sea cual sea su trabajo seguro que le han contratado por su alta cualificación y no por su parentesco con nadie, que para eso Telefónica selecciona muy bien a su personal, y que si está lejos de España lo hace sacrificándose por la empresa que le paga sin importarle las horas que tiene que dedicar a la compañía. Que nadie tema, que en este caso ningún directivo de Telefónica irá a nadie a decirle aquello de “qué hay de lo mío”, esperando la devolución de ningún favor. Todo limpio y transparente. Qué felicidad.
Y para los amantes del circo, luego vendrá el caso Fabra, que también promete lo suyo. Diversión para todos, ¡el mejor espectáculo del mundo, oiga¡
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