viernes, 25 de agosto de 2017

La utópica educación

Tal día como hoy, del año 1944, la “Novena”, formada fundamentalmente  por republicanos españoles, rindió a las tropas alemanas que aún permanecían en París. Este aniversario me sirve de excusa para rendir homenaje a la República, que intentó una de las mayores utopías que ha conocido la historia: tratar de llevar la educación y la cultura a todos los rincones de una España que rondaba el 50% de analfabetismo y que superaba en algunas zonas rurales el 70%. Peligrosa utopía que algunos combatieron desde el primer momento.

“…el Gobierno de la República, que nos envía, nos ha dicho que vengamos ante todo a las aldeas, a las más pobres, a las más escondidas, a las más abandonadas, y que vengamos a enseñaros algo, algo de lo que no sabéis por estar siempre tan solos y tan lejos de donde otros lo aprenden, y porque nadie, hasta ahora, ha venido a enseñároslo; pero que vengamos también, y lo primero, a divertiros. Y nosotros quisiéramos alegraros, divertiros casi tanto como os alegran y divierten los cómicos y titiriteros.”

Estas eran las palabras con las que se presentaban en los pueblos y aldeas las Misiones Pedagógicas, impulsadas por Manuel Bartolomé Cossío.

Las Misiones, inspiradas en la Institución Libre de Enseñanza (que dejamos para otro día), estaban formadas por pintores, escritos, artistas, maestros, todos voluntarios, que recorrieron más de 7.000 pueblos y crearon unas 5.000 bibliotecas, llenando de ilusión y esperanza a tanta gente olvidada hasta entonces, incluyendo a los maestros rurales, a los que se puso en lo más alto del ilusionante proyecto.

Por el escaso espacio de esta entrada y para no aburrir, indicar de modo esquemático que el primer proyecto educativo preveía la creación de 25.000 plazas de maestro (5.000 al año), el aumento de sus salarios y la dignificación de su labor o la creación del título universitario de docente (de tres años, el tercero en prácticas retribuidas). Gracias a estas y otras reformas, los maestros pudieron ocupar el puesto que les correspondía en la sociedad y, tal vez, fueron las culpables de que luego, por su notoriedad, se les persiguiese por el bando franquista con tanta enquina. Aunque también pudiese ayudar a esas mentes tan limitadas el que se quitase a la iglesia el semi monopolio de la educación (laicismo) o el acceso a la escuela de todos los niños, con coordinación en todos los niveles para que nadie se quedase fuera. Fue un choque tan fuerte que algunos no pudieron resistirlo, como ocurre todavía un siglo más tarde.

 En cualquier caso, y para no llamarnos a engaño, cuando se habla de la República conviene destacar que no todos los periodos fueron iguales. Las más importantes y ambiciosas reformas sociales se impulsaron en el bienio reformista (1931-1933), siendo el bienio conservador (1934-1936) un período en el que paralizaron todas las reformas o se intentó su desmantelamiento. Sirva como ejemplo la creación de unas 7.000 escuelas en el bienio reformista y la paralización de nuevas construcciones en el siguiente; o la creación de 13.600 plazas de maestro hasta 1933 y las apenas 2.500 desde entonces hasta 1936 (en este período, dominado por la CEDA, se sucedieron unos 15 ministros del ramo, lo que da una idea de lo convulsa que fue la época y de la poca importancia que la derecha gobernante dio a la educación).

En cualquier caso, destacar y agradecer la ilusión y la alegría con que llegó la República, cargada de utópicos proyectos y reformas sociales. Luego llegarían las desilusiones, luego la dictadura y luego la monarquía (y por si no queríamos rey, ahora tenemos dos).
 

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