martes, 26 de junio de 2012

A Ana Mato

Hace ya mucho tiempo, por el siglo XI, el político y poeta chino Su Tung-po escribía:

Las familias, cuando nace un niño
lo quieren inteligente.
Yo, que con la inteligencia arruiné mi vida entera,
sólo puedo desear que mi hijo,
algún día,
sea ignorante y perezoso de pensamiento.
Así tendrá una vida apacible
como ministro del gobierno.

Diez siglos después, Ana, tú eres el hijo que siempre quiso tener el poeta.

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