jueves, 17 de marzo de 2011

¡Indignaos!

¡Indignaos! es el título de un pequeño libro escrito por Stéphane Hessel, en el que recoge su decepción por la pasividad de las nuevas generaciones ante la marcha atrás que se está produciendo en materia de derechos y libertades, al tiempo que les anima a recoger el testigo de sus predecesores.

El libro, que apenas tiene sesenta páginas, no tendría mucho interés si no fuera porque Hessel participó en la segunda Guerra Mundial, fue integrante de la Resistencia francesa contra el nazismo, fue durante muchos años diplomático, y es el único superviviente de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se trata de un hombre de 93 años que, con un pasado admirable no se resiste a quedarse sin hacer nada y va allí donde le quieren escuchar para insistir en la necesidad de indignarse y no quedarse quietos ni conformarse.

No sé si conseguirá su propósito, porque todos, los jóvenes y los menos jóvenes, estamos “muertos”, nos hemos dejado embaucar por una seudo-democracia que nos tiene atrapados. Ya no mandan los ciudadanos, mandan los mercados. Los mismos que nos robaron la moto, ahora nos la quieren vender, y lo peor de todo, se la compraremos al precio que nos digan, sin regatear. Es tremendo ver cómo los que nos metieron en este agujero, ahora nos venden la cuerda para salir. Y todos contentos, sin rechistar, sin hacer una mueca que nos delate o nos señale. Como bien dice el Hessel, en la actualidad “el poder del dinero (…) nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos” Y es cierto, porque son conscientes de su poderío, nos han arrinconado y saben gestionar bien su posición de fuerza.

Estamos padeciendo una crisis tan injusta como tremenda, que acabará con una buena parte de los esfuerzos realizados por generaciones precedentes, y no somos capaces de levantar la voz; la emigración, los conflictos bélicos-económicos, la perversa industria armamentística (de la que España es una de las potencias en la venta de munición a países africanos en conflicto), la propia crisis o el desmantelamiento del estado del bienestar, son sólo unos ejemplos de los motivos que tienen los jóvenes para indignarse y reaccionar.

Y una manera de reaccionar es exigir a los gobiernos que ellos mismos hagan sus deberes, en lugar de rendirse “al mercado” y pedirles la venia cada vez que tienen que tomar una decisión económica. Son a ellos a los que elegimos y son ellos los responsables, de lo bueno y de lo malo. Que no nos cuenten milongas cada vez que tienen que tomar una decisión arriesgada echándole la culpa de su inmovilismo a otros; y si es cierto que se vayan y nos gobiernen “los otros”, al menos sabremos a quién dirigir nuestras quejas y pedir cuentas.

Sinceramente, no quiero imaginarme el resultado si nuestros actuales gobernantes tuviesen que redactar hoy la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Posiblemente ninguno de nosotros viviese para ver algo más que el título. Su incapacidad para tomar decisiones valientes y de calado nos la demuestran día sí y día también. ¡¡¡Pero si todavía a estas alturas están pensando qué hacer en el caso de Libia!!! Es muy probable que los nietos de Gadafi todavía asistan a este espectáculo.

Y termino con una palabras de José Luis Sanpedro, quien prologa el libro, “¡Indignaos! Luchad para salvar los logros democráticos basados en valores éticos, de justicia y libertad”. Brindo por ello y por esos “jóvenes” como Hessel y Sanpedro, que son de los pocos vivos en esta Europa que tanto aportó a la humanidad, y que ahora defiende con tanto ímpetu que el único camino a la modernidad es desmantelar el “estado del bienestar” ¡¡¡Manda huevos!!!

2 comentarios:

  1. Dice el DRAE que brindis proviene de la voz alemana bring dir´s, que significa yo te lo ofrezco. Yo levanto la copa por lo mucho que nos ofreces. Máquina

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  2. El librito es tan pequeño que casi te da tiempo a leerlo en la librería ;-). Me pareció que estaba bastante bien escrito, desde luego bien traducido, pero me quedo con el prólogo de José Luis Sampedro, ese fenómeno.

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